Pulso de un territorio fértil
M A N I F I E S T O.
Genealogía del sentir: Una aproximación desde la ética situada.
23 de enero de 2026
Jozadak.
A lo largo de mi trayectoria he dialogado con críticos y filósofos que investigan el fenómeno artístico desde la distancia analítica. Si bien existe una vasta tradición de pensamiento sobre el arte, reclamo aquí el espacio para la escritura que emana de la praxis consciente: esa que no solo observa el objeto, sino que nombra el impulso, el temblor y la responsabilidad política de quien crea. Este texto no busca confrontar las posturas teóricas, sino acuerparlas desde la experiencia viva del artista; es un complemento necesario que une el pensar con el sentir y la acción frente al propio territorio creativo.»
Este manifiesto no emerge del vacío, sino de una práctica de resistencia que se nutre de una red de pensamientos críticos y afectivos. Se estructura sobre la ética situada y la subjetividad política, retomando la noción de biopolítica en Foucault y el devenir en las teorías queer de Deleuze, Guattari, Butler y Giunta.
El cuerpo aquí no es objeto, sino territorio de conocimiento, dialogando con la fenomenología de Husserl, Merleau-Ponty, Beauvoir y Heidegger, y se reafirma en la ontología relacional y la otredad (Sartre, Levinas, Nancy, Paz). Este «sentipensar» (Saturnino de la Torre) se activa desde una razón crítica (Sloterdijk) y una estética de la resistencia (Rancière), denunciando, en sintonía con Quijano, Grosfoguel y Dussel, las herencias coloniales que aún hoy intentan subordinar el deseo.
Finalmente, el texto se reconoce como una autoetnografía performativa que transita la lógica afectiva (Ciompi) y las pedagogías de la ternura (Turner, Pita, Cussianovich), proponiendo, frente a la modernidad líquida (Bauman) y el cansancio contemporáneo (Byung-Chul Han), una justicia de la sangre y un compromiso con la resiliencia y el autocuidado. Es, en esencia, un acto de libertad que habita la complejidad de la experiencia humana (Grinberg, Maturana) y la mirada crítica sobre la imagen y la ideología (Sontag, Eagleton).
—cuerpo, deseo, responsabilidad y resistencia—.
Nota de autor
Este texto no busca consenso ni pedagogía.
Es un manifiesto íntimo: se escribe desde el cuerpo, el deseo, la responsabilidad y la resistencia.
No pretende ofrecer soluciones ni programas, sino afirmar una ética situada:
la fidelidad a sí mismx como acto político cotidiano,
la pregunta como forma de responsabilidad,
y la creación como consecuencia inevitable de habitar el mundo con conciencia.
No está pensado para convencer,
sino para sostener una posición
y nombrar un territorio desde el cual vivir, sentir y crear
sin traicionar lo que se es.
Desde la incomodidad.
A sí mismx y en voz alta:
—se afirma, se reconoce—.
He reflexionado sobre lo bello que es ser fiel a sí mismx.
Lo bello que es ser y hacer resistencia,
y sostenerla frente a estructuras de poder que perpetúan dinámicas irregulares:
frente a estructuras que legitiman, abrazan y priman la nula participación
sobre aquellas que encabezan y sostienen el trabajo.
Es bello cuando uno decide lo correcto
—desde el acto más grande o el más pequeño—,
cuando se decide —el sí o el no— desde la honestidad y la valentía,
desde la fidelidad al principio
y al reconocimiento del sentido de vida que uno prima.
Y es que nos han enseñado tanto a agachar la cabeza
y aceptar lo que no nos pertenece,
en voces de economías que fracturan y quebrantan los principios de uno,
con estructuras de soborno que buscan seducir a la pobreza
con supuestas riquezas:
—el inicio de cosas más grandes—.
Lo que fácilmente lleva a imaginar el debilitamiento
o la corrupción de lo que uno es —o desea ser—,
por lo que aparentemente te tocará
y que posiblemente nunca llegará.
El principio suena bello,
y las riquezas podrán dar un momento de vida,
pero no el panorama completo de quien la habita.
Porque es verdad:
uno termina subordinado
o adiestrado al deseo de otro.
Es allí donde nacen las dudas,
las interrogantes más grandes:
—¿qué es lo que realmente uno quiere habitar?—
—¿y por qué satanizar a quienes buscan el sentido a sus vidas
y estigmatizar cuando el deseo está en lo que todos perseguimos:
sentido y libertad?—
¿Por qué no abrazar sin miedo
lo que también buscamos,
lo que también deseamos:
sentido, justicia, empatía, respeto, dignidad y libertad?
—¿por qué termina siendo más sencilla la subordinación
y el juicio a los demás?—
—en lugar de empatizar, imputarse, actuar y sostenerse—.
—¿tan complicado es respetarse a sí mismx
y comprometerse con valentía
con lo que uno sueña o desea ser?—
Mi sueño siempre fue ser artista.
Porque tengo un cuerpo que tiembla y vibra
cuando se siente feliz
y cuando se enoja también.
Porque canalizo mis emociones en materiales
y los transformo en objetos
que visibilizan lo que para otros es invisible —
y no porque carezcan de visión,
sino porque se acostumbraron a ver
lo que les dijeron que era mejor ver—.
Por eso soy artista.
Porque no puedo ocultar las vibraciones
de lo que pienso y siento.
Porque no puedo calmar la sangre
cuando alguien hiere o subordina,
o cuando sueño y anhelo desde la utopía:
—expreso, suelto y detona—.
Algunas veces placer,
otras incomodidad.
Y es allí el punto.
El argumento más sólido
del sentir, pensar y crear.
Allí es donde encuentro la responsabilidad más grande:
¿qué siento?,
¿por qué lo siento?,
¿para qué lo siento?,
¿cómo lo siento?
¿qué pienso?,
¿cómo lo pienso?,
¿por qué lo pienso?,
¿desde dónde lo pienso?
Y lo mismo con lo que articulo y creo:
¿qué hago?,
¿cómo?,
¿con qué?,
¿y por qué?
La responsabilidad más grande de hoy que habito responde a:
¿qué siento con mi cuerpo?,
¿desde dónde lo habito?,
¿cómo y con qué lo nutro?,
¿hacia dónde lo direcciono?,
¿cómo lo ocupo y para qué?,
¿qué realidad quiero crear
y para quién?
Desde este punto…
Sentir/es:
percibir, contemplar y vibrar;
dibujar, pintar, cantar, habitar y transformar…
Desde la honestidad y desde el afecto,
desde el reconocimiento de la herida y la rabia,
la fractura, la regeneración y la sanción;
desde la resistencia,
desde la honestidad…
Desde la felicidad
o la frustración.
Sentir/es:
crear, enunciar, detonar y resonar.
Desde el reconocimiento de lo otro y lo uno,
porque todo obedece al mismo sistema,
al mismo universo,
a la justicia de la sangre:
la que mueve, palpita, traza y guía…
—por lo que lo justo abre caminos
y los ilumina—.
Este manifiesto no se cierra porque no concluye.
Se activa cada vez que el cuerpo duda, resiste, desea o decide.
Lo aquí dicho no es una respuesta,
sino una práctica en movimiento.
Lo justo —cuando se habita—
no clausura caminos:
los abre.